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I. Justificación

a. Recomposición del sistema internacional.

b. Transformaciones de la nación boliviana.

II. Objetivos

III. Estado del arte

IV. Estrategia metodológica

a. Problemas de investigación.

b. Fuentes.

c. Técnicas de Investigación.

V. Resultados esperados

VI. Índice tentativo de la investigación

VII. Difusión

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I. Justificación

a.      Recomposición del sistema internacional.

Bolivia se encuentra inserta en un sistema económico y político internacional en recomposición profunda, como consecuencia, por un lado, del deterioro de la posición de liderazgo político de los Estados Unidos y por la crisis de la Unión Europea y por el otro, por el crecimiento constante de las economías emergentes del mundo asiático, especialmente China, y su paulatina convergencia con los niveles de desarrollo de los países de la OECD.

Las reformas en el plano económico y financiero que se han intentado aplicar a partir de la crisis de 2008, para contrarrestar la crisis sistémica, son las manifestaciones más conocidas de esta reingeniería del sistema global, pero el rearmado geopolítico que se mueve simultáneamente tiene tanta o mayor significación. En la confluencia de las vertientes mencionadas, se empieza a distinguir el perfil del sistema internacional en el nuevo siglo, multipolar en el plano económico y político, en la sombra de la hegemonía militar de Estados Unidos.

Cambio del eje de poder económico global.

El dato más trascendente de la globalización es el cambio del centro de gravedad del poder mundial, que se comienza a desplazar desde el Atlántico, donde estuvo más de quinientos años, hacia el Pacífico.

Se trata de un proceso complejo y multidimensional --que se encuentra en sus fases iniciales-- y no de un acontecimiento coyuntural. Estará presente en el trasfondo de los acontecimientos políticos y económicos mundiales futuros. El nuevo centro de poder en construcción es China --en franco ascenso-- y Estados Unidos --una potencia en erosión, que busca recuperarse de la Gran Recesión económica de 2008 y de la pérdida de autoridad y prestigio ocasionados por las guerras de Iraq y Afganistán--.

La transformación económica aludida se resume en el siguiente cuadro, que registra la participación relativa del producto de Occidente, Asia y América Latina en el producto mundial1.

  1820 1950 2003
Occidente (US+UE) 24.8 53.5 39.8
Asia (incluye Japón) 59.4 18.6 40.5


Hace más de 2000 años atrás el Asia controlaba el mundo. De acuerdo a la información recopilada por Maddison, Asia representó el 71.7% del producto global el año uno; 67.9% el año 1000, 61.8% el año 1500 y 59.4% en 1820. Como se vio en la tabla anterior, Estados Unidos y Europa representaron el 53.5% del PIB mundial en 1950, mientras que la participación de Asia (incluyendo Japón) alcanzaba solo al 18.6%. El dato del año 2003 es muy relevante pues muestra que hasta que punto se modificó esa relación. Asia pasó a representar el 40.5% del producto global y la suma de Estados Unidos y Europa llegaba el 39.8%. Por un pequeño margen, Asia recuperó la posición que tuvo antes de la Revolución Industrial.

En América Latina, la emergencia del Brasil como potencia de alcance global, ha dado lugar a la reconstrucción del sistema económico y político regional, relegando poco a poco la hegemonía norteamericana en Sudamérica. Este proceso tendrá profundas consecuencias en el desarrollo de la nación boliviana. En efecto, Brasil, una potencia que ocupa, por derecho propio, un lugar en el G-20, punto de encuentro de los actores que deben establecer las bases del sistema económico internacional, procurará establecer su propia zona de influencia. Sus intelectuales ya especulan sobre una doctrina de destino manifiesto, como lo hicieran sus pares en Estados Unidos al comenzar el siglo XIX. Y está claro que América del Sur –y Bolivia-- es el área de su proyección inmediata, la plataforma de despegue de su política exterior.

Proceso de convergencia de las economías emergentes con el centro2.

Otra tendencia se suma al cambio del núcleo del poder económico mundial. Se trata de la convergencia entre las economías de los países emergentes y las de las naciones más avanzadas, agrupadas en la OECD.

Hasta hace poco se partía de la premisa que la concentración de la riqueza y el poder en los países del centro debía crecer de manera constante y que el sistema internacional estaba diseñado para concretar ese propósito, posición reforzada por la revolución tecnológica de la década de los noventa, que redujo la participación de las materias primas y la mano de obra en el precio final de los bienes, agravó el problema y tornó aparentemente inalcanzable la posibilidad de romper la barrera del atraso, de la pobreza y de la desigualdad en los países en desarrollo.

Sin embargo, en el siglo XXI, se registra la tendencia de reducción de la brecha norte-sur, entre países ricos y naciones en desarrollo. Es que la expansión de la economía china primero y de las otras potencias emergentes como Brasil, después, modificó las condiciones en las que se fundaba el planteamiento y modificó su esencia. Produjo un cambio cualitativo. Una alteración sustantiva de tendencia. La incorporación al mercado de centenares de millones de personas transformó el tamaño y la naturaleza de la economía mundial y desencadenó la explosión de la demanda de productos básicos --de América del Sur, en buena medida-- y de mano de obra, en China y los países asiáticos. La mejora sustantiva de los términos del intercambio de la economías emergentes debido al incremento substancial de los precios de las materias primas y los alimentos, revirtió la tendencia a la baja que duró más de un siglo. En un Informe sobre la economía mundial, The Economist sostiene que “el alza en los precios de los commodities es el resultado de una demanda explosiva y de una oferta lenta y floja. El lado de la demanda ha sido impulsado por una desarrollo industrial sin precedentes en su tamaño, velocidad y amplitud, liderada pero no confinada a China. El crecimiento de las economías emergentes es tanto rápido como intensivo en recursos”3.

El impacto de esa explosión de precios fue enorme. Cambió las tendencias en desarrollo económico e hizo que las flechas de la producción se movieran en direcciones diferentes. La brecha entre los países desarrollados y los países emergentes comenzó a estrecharse, en vez de seguir ensanchándose, en un proceso que la literatura especializada llama la “gran convergencia”4 .

En el corto espacio que corrió entre 2002 y 2010, el producto interno bruto de China, que ocupaba el cuarto lugar en el ranking global, superó al de Alemania y Japón y ahora todos esperan que se coloque por encima del de Estados Unidos hasta el 2020, o antes5. Pero no fue solo China. Más cerca, en América Latina, Brasil, en ese mismo periodo, con los mismos datos del Banco Mundial, superó a Gran Bretaña, se posicionó como la sexta economía mundial y disminuyó la distancia que la separa de Francia, Alemania y Japón”. Varios otros estudios, que formarán parte de la investigación, confirman y amplían esa proyección.
 


1. Angus Maddison. Contours of the world economy. 1-2030 AD. Oxford. 2007
2. Un análisis profundo sobre las grados de convergencia entre las economías emergentes y los países desarrollados se encuentra en Dani Rodrik Unconditional Convergence in Manufacturing, paper, Harvard University, 2012.
3. The Economist. Informe sobre la economía mundial. Septiembre 2011
4. Barro, Robert J., “Convergence and Modernization Revisited,” NBER Working Paper No.18295, 2012. Rodrik, Dani, “The Future of Economic Convergence,” NBER Working Paper No. 17400, 2011
5. Banco Mundial . World Development Report 2004 y 2012.