Número 22

Investigación y jóvenes


Presentación:

EDITORIAL: Jóvenes profesionales e inserción laboral


Uno de los sectores que está sufriendo los impactos de la crisis social y de la globalización en el país es el de los jóvenes; no sólo por los cambios culturales y familiares a los que se ve enfrentado, sino también por un sistema educativo en crisis y con poca correspondencia con las nuevas exigencias económicas y laborales del país. Desde la aplicación del modelo económico 21060, el panorama de la economía del país sufrió transformaciones profundas en sus diversos sectores y en las posibilidades de inserción económica y laboral de la PEA. Cada vez es menor la oferta de trabajo para las profesiones que se proponen en las universidades, y mayor la demanda para nuevos empleos relacionados con las diferentes ramas de la mediana y pequeña industria y del dinámico sector informal. Sin embargo, tal como están planteadas las reglas de reconocimiento de méritos en nuestra sociedad, el título universitario y los diplomas son fundamentales para legitimarse socialmente. Hace tiempo que estamos en la lógica de que a mayor número de títulos mayores méritos para el reconocimiento social y menor valor e importancia a la formación técnica y el trabajo manual. Consecuencia de esta situación es que las universidades públicas, año que pasa, se ven imposibilitadas de frenar la creciente demanda de profesionalización de miles de bachilleres y, por tanto, de ofrecer condiciones materiales y calidad en la formación de los nuevos profesionales. Así, por ejemplo, el año 2000, ingresaron a las universidades públicas y privadas más de 40.000 alumnos en todo el país. Se calcula que actualmente estudian en el sistema universitario 300.000 estudiantes. Estos nuevos profesionales tienden a egresar con débiles conocimientos, destrezas y habilidades y, en esas condiciones, tienen pocas posibilidades de inserción en un mercado laboral cada vez más cerrado y elitista. A este panorama hay que añadir que las posibilidades y oportunidades de actualización y perfeccionamiento para los profesionales, particularmente para las nuevas generaciones de egresados de las universidades en el país, son escasas y de costo elevado. En este escenario, por demás preocupante, parece necesario repensar el sistema educativo superior nacional y regional. El concurso del gobierno, autoridades locales, docentes, estudiantes, productores e investigadores deberá estar dirigido a lograr acuerdos para que, por un lado, la educación superior esté vinculada con el desarrollo local y con la nueva realidad económica, laboral, social y cultural del país; y, por otro, para crear nuevas metodologías y pedagogías de actualización y formación de los profesionales, sobre todo jóvenes, a fin de lograr niveles competitivos de calidad en la formación y una mayor incidencia en el desarrollo y en la superación de la pobreza. Una sociedad que no cuida y actualiza la calidad de la formación de sus recursos profesionales y no se renueva tecnológicamente esta destinada a permanecer en la marginalidad. El PIEB, con el objetivo de encontrar salidas a esta problemática, en su enfoque metodológico de investigar formando, formar investigando, desde sus primeras convocatorias de investigación otorga una importancia prioritaria a la formación de investigadores, sobre todo jóvenes, a fin de alcanzar resultados de investigación no sólo relevantes socialmente sino que, por su calidad, tengan incidencia en el conocimiento, en el debate o en la formulación de políticas públicas. Los resultados de las convocatorias nacionales lanzadas para este sector, y otras que los ha involucrado en las regiones, son altamente alentadores. A través de estos concursos, se ha fortalecido los conocimientos de un grupo de profesionales de distintas disciplinas ubicado entre los 23 y 35 años; pero, también, se ha hecho visible la calidad de su contribución. Para el PIEB es gratificante ver que muchos de ellos se desenvuelven como líderes de opinión; otros continúan en el camino de la investigación dirigiendo institutos en universidades o normales; algunos han decidido seguir esta aventura desde instituciones de desarrollo propias; también hay investigadores PIEB fuera del país, continuando estudios de especialización; no falta un grupo de ellos que ha sido “recuperado” por los operadores de políticas para aportar con sus conocimiento y experiencia a la toma de decisiones. La semilla, entonces, ha sido sembrada. El concurso del gobierno, autoridades locales, docentes, estudiantes, productores e investigadores deberá estar dirigido a lograr acuerdos para que, por un lado, la educación superior esté vinculada con el desarrollo local y con la nueva realidad económica, laboral, social y cultural del país; y, por otro, para crear nuevas metodologías y pedagogías de actualización y formación de los profesionales, sobre todo jóvenes.


Godofredo Sandoval, director Ejecutivo del PIEB.

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