Número 24

Investigación y desarrollo


Presentación:

EDITORIAL: Investigación y desarrollo


En el alba del siglo XXI, la investigación científica constituye uno de los ejes centrales de los procesos de desarrollo del mundo moderno, particularmente de los países del Norte donde la articulación de la ciencia con la economía es una de las principales fuentes de riqueza y poder. En los países del Sur también la producción científica tiene una importancia sustantiva para superar la pobreza y alcanzar niveles de progreso económico y social; sin embargo, en la mayoría de estas naciones las condiciones para el trabajo científico son limitadas, lo que determina la existencia de una enorme brecha en la generación de conocimientos entre países del Norte y del Sur y una dependencia de los conocimientos alcanzados por los primeros, inclusive para interpretar y resolver asuntos políticos, culturales y sociales. Si bien no se trata de reinventar muchos logros de la ciencia y la tecnología alcanzados en los países del Norte, existen ámbitos en los países del Sur donde la investigación debe responder a las necesidades locales con base en miradas específicas y realistas de los procesos de transformación que atraviesan. En esa dirección, plantear la investigación científica desde las ciencias sociales al servicio del desarrollo en Bolivia, país periférico y dependiente, con profundos problemas estructurales y precarias condiciones para el trabajo científico, significa colocar a la sociedad como centro de preocupación a fin de que el conocimiento contribuya a encontrar respuestas a los problemas que enfrentamos, a mejorar las condiciones de vida de la población y a proyectar nuestro futuro. Desde esa perspectiva, no se trata de investigar temáticas impuestas o imaginadas bajo el influjo de discursos del momento, sino de elaborar agendas de investigación que identifiquen problemas centrales y necesidades específicas y que sean resultado de una interacción entre actores sociales, institucionales e instigadores. Se trata también de que, en los procesos de ejecución de las investigaciones, los investigadores no pierdan de vista a los actores, que deberían ser los depositarios de los resultados. Pero asumir el desarrollo nacional teniendo como soporte a la investigación no sólo requiere poner en práctica un enfoque de cómo articular la investigación con las demandas de la sociedad sino también que existan condiciones materiales, tecnológicas y personal calificado para producir conocimiento. En ese sentido, el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología e Innovación (2004-2009) que acaba de presentar el Ministerio de Educación podría ser un importante paso para impulsar la creación de condiciones dirigidas a la construcción de una capacidad propia para realizar investigación científica; por otro lado, las universidades, sobre todo públicas, deberían asumir cada vez más un protagonismo en la formación científica y técnica de los recursos profesionales y en el quehacer de la investigación en conexión con las demandas de la sociedad. El Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB), comprometido desde sus orígenes (1994) con el desarrollo del país a través de la promoción de la investigación científica y la formación de profesionales en el quehacer de la investigación en ciencias sociales, puso en marcha un importante programa nacional de investigación estratégica y socialmente relevante apoyado por la Cooperación del Reino de los Países Bajos. En estos diez años, el PIEB ha creado puentes para vincular conocimiento con desarrollo. Forman parte de su estrategia a favor de la incidencia, el diseño de agendas de prioridades de investigación, en base a la demanda identificada de manera conjunta con actores del ámbito del Estado, la sociedad civil, y la academia. La constante actualización de conocimientos y destrezas en investigación de los investigadores PIEB, ha repercutido en la calidad y confiabilidad de la información generada en los estudios. Por otra parte, el diseño y ejecución de estrategias diferenciadas de difusión, aplicadas desde el inicio del proceso, permitió el uso oportuno de los resultados. Aún hay mucho por hacer. Entre los retos del PIEB figura la creación de condiciones en las regiones para el desarrollo autónomo de la investigación, y la transferencia de la experiencia acumulada e instrumentos a aquellas instancias que así lo demanden. Nuevos caminos y nuevas perspectivas, pensando en el desarrollo del país.


Godofredo Sandoval, director Ejecutivo del PIEB.